lunes, agosto 16, 2004

de COmo me DEspidieron por METerle ficha a “la hija del jefe”

Un par de semanas después de haberme quedado ruco manejando y casi matarme, recibí la llamada de un buen pana preguntándome si estaba en la necesidad de un empleo, a lo que yo asentí por supuesto, estaba endeudado hasta el pescuezo en ese momento con mi familia después de mi gran hazaña con el subaru.

La posición para la cual iba a aplicar era asistente de vicepresidencia de la compañía (una compañía bastante grande e importante), puesto que mi pana había ocupado al entrar y en el que aprendió mucho. Me dijo que me quedara tranquilo que con su recomendación era más que suficiente para que me aceptaran en la compañía.

Así que tan solo me presenté a la entrevista, y con tan solo cruzar un par de palabras con el vicepresidente de la misma (quién sería mi jefe más adelante) supe que era un hombre muy inteligente y conocedor del medio en el que se maneja, y que con él aprendería mucho, así que el sueldo que iba a percibir era lo de menos.

Me decidí y acepté el empleo, y una semana después ya estaba laburando. Recuerdo que en mi 1er día al llegar tenía que esperar a que llegara mi jefe para comunicarle que había aceptado el empleo y para preguntarle cuando podía empezar. En ese lapso de tiempo hubo algo que me inquietó... o mejor dicho alguien.

Mientras estaba sentado en la recepción esperándolo, una chica de aspecto muy juvenil y de vestimenta casual, a diferencia de las demás quienes vestían el uniforme de la compañía, llamó mi atención. Inmediatamente decidí indagar más sobre ella.

En el transcurso de mi 1era semana me hice de muchos amigos en la compañía, lo que no fue nada difícil gracias a mi muy simpática personalidad (modestia aparte). Le pregunté a una de las secretarias quién era esa chica y oh sorpresa.... era la hija del duro... del presidente de la empresa.

Como en mis 1eras semanas mi jefe me tenía rotando de departamento en departamento para que fuera conociendo cada una de las facetas de la empresa, tuve la suerte de estar un tiempo en el departamento de finanzas donde se desempeñaba ella y así pude conocerla y nos hicimos buenos amigos. En este tiempo que estuve con ella me contó que mi jefe, el vicepresidente de la compañía, era su tío... qué loco!!!

Ya tenía un mes trabajando y cuando por fin iba a comenzar a desempeñar mis verdaderas funciones una vez terminada la etapa de inducción sucedió un imprevisto en el departamento de importaciones... se despidió a la encargada y para ocupar provisionalmente la vacante, mi jefe designó a una chica que hasta ese momento era la asistente de la encargada de importaciones, y nos puso a mí, a su sobrina y a la encargada de las cobranzas a colaborarle.

Yo no tenía ningún problema con esto puesto que me permitía pasar más tiempo con “la hija del jefe” y así agarramos más confianza entre nosotros, tanto así que un día ya era muy tarde en la noche y no tenía como irme y ella me dio un aventón... solos los 2 en su vehículo ante la mirada de los demás empleados. Este fue un hecho que más adelante me costaría muy caro.

Tiempo después, decidí ir un sábado a la oficina para adelantar algo del trabajo que me había quedado pendiente esa semana y qué coincidencia!!... ella también tuvo que ir. Nos encontrábamos los 2 prácticamente solos en la oficina, pero no quise hacer ningún move porque por más que me gustara, aún sabía que eso no era ético... éramos compañeros de trabajo.

De esa misma manera coincidimos otros sábados en la oficina, pero todo tranqui, hasta que en uno de esos sábados sucedió algo que no estaba previsto. Yo me encontraba en el departamento de importaciones imprimiendo unos mails cuando sentí que alguien me miraba y al darme vuelta vi a su padre, el dueño de la empresa, salir de la habitación y dirigirse a la oficina donde se encontraba su hija.

No le di importancia a esto puesto que yo estaba haciendo mi trabajo, y ni siquiera es que nos encontró juntos en la misma habitación como para ponerse a pensar en una situación poco profesional... ella estaba por otro lado desempeñando también sus labores. Pero lo que no sabía fue que en ese momento inició la crónica de un despido anunciado... el mío.

Ese lunes (2 días después) sucedió algo insólito. Yo llegué un poco tarde ese día y no me enteré de lo que había ocurrido muy temprano en la mañana hasta un par de horas después, cuando muy sorprendido recibí una llamada del guardia de la garita inquiriéndome sobre los sábados que había asistido a trabajar. Me pareció muy extraño esto por lo que le pregunté a una compañera que ya tenía mucho tiempo laborando ahí si esto era algo normal, a lo que me respondió que no.

Yo muy ingenuamente pensé que este cuestionamiento era para acreditarme ese tiempo extra laborado a mi sueldo. Pero luego me contó una de mis compañeras que muy temprano en la mañana se habían reunido mi jefe con “el duro” (a.k.a. el tío y el papá de la susodicha) a puerta cerrada, y que al salir “el duro” se había acercado a la secretaria de mi jefe y le ordenó que averiguara con el guardia de la garita mis asistencias sabatinas a la compañía.

Yo ya intuía que algo muy turbio estaba sucediendo, pero me decía a mi mismo que tan solo estaba siendo paranoico. Pero esa semana ocurrió algo más... “el duro” ordenó acoplar una habitación que hacía las veces de bodega hasta ese entonces, para que ella cogiera sus cosas y se trasladara a esta, en la que estaría sola y a puerta cerrada. Ya era viernes de esa semana y ella aún no se cambiaba, por lo que “el duro” muy molesto le ordenó a mi jefe que la traslade en ese momento a su nueva oficina donde permanecería alejada del mundo real... y también de mi.

Esa misma semana ocurrió otra cosa. Un día estábamos de lo más entretenidos conversando ella y yo, ella de espaladas a la puerta y yo dándole el frente, cuando de repente entró su papá y al vernos la llamó y se la llevó a su oficina. Al regresar ella me increpó que por qué no le avisé que su papá estaba detrás de ella mientras hablábamos... le dije que fue tan rápido que no hubo chance a nada.

A la siguiente semana sucedió algo con una carga y tenía que entregarle un documento a ella para que lo revise, pero cuando quise entrar en su oficina para entregárselo, me fue impedida la entrada por mi jefe diciéndome: “deja nomás que yo se lo doy”. Muy raro esto porque él estaba ocupado con otras cosas ese momento, pero dejó de hacer lo que hacía para entregarle ese papel a su sobrina... algo que fácilmente pude hacer yo.

También en esos días me contó una de las chicas que mientras estaba en la oficina de “la hija del jefe” revisando unos papeles con ella, de la nada aparecía “el duro” abriendo la puerta muy sigilosamente como para tratar de sorprender a alguien ahí y se pegaba su chequeadita.

Una semana después mi jefe me invitó a su despacho y hablamos a puerta cerrada sobre una propuesta que me tenía. Me dijo que ya tenía un mes en la parte de importaciones y que él no me contrató para eso, que tenía cosas más importantes en mente para mí.

Entonces me propuso mandarme a la sucursal de Nicaragua a resolverle todos los problemas que tenía por un plazo no menor a un año. Me dio un discursazo sobre lo importante que sería para mí aceptar esa propuesta y todos los beneficios que conllevaría esa decisión: un aumento de salario, porcentaje de las utilidades de la misma, y a mi retorno cosas más grandes para mi... algo muy tentador pero a la vez me pareció muy extraño que esta gran oportunidad y responsabilidad se la estén ofreciendo a un peladito de 21 años que apenas lleva 3 meses trabajando para ellos.

También me dijo que de no aceptar la propuesta la otra opción que tenía para mí era enviarme a una división aislada completamente de las demás divisiones de la empresa, es decir, más claro no podía ser el mensaje... te quiero lejos de esta niña.

Al parecer su papá estaba dispuesto a enviarme a otro país, costearme mis gastos e incluso darme una tajada de sus utilidades tan sólo para que yo no esté cerca de su niña.

Yo le dije a mi jefe que lo tenía que pensar bien y me dijo que no había problema pero que necesitaba una respuesta para mañana. Esa noche no podía creer lo que estaba pasando... el dueño de la compañía había resultado ser un padre muy celoso con su hija capaz de mandarme a otro país para alejarme de ella, sin embargo la propuesta era tentadora, pero habían muchos otros aspectos de mi vida en ese momento que inclinaban la balanza para que me quede.

Al día siguiente fui donde mi jefe a decirle que quería hablar con él sobre su propuesta ya más a fondo porque al parecer mi decisión iba a ser la de aceptarla. El muy entusiasmado me dijo que lo vaya a buscar después de almuerzo, que hasta eso él iba a hablar con “el duro” para ya dejar en claro todos los términos de mi traslado.

De todas maneras me ordenó que, hasta que eso ocurra, coja mis cosas y me cambie a la división aislada, porque ya no me quería ver en importaciones. Así que lo hice y me cambié.

En mi nueva división estaba mi amigo, el que me recomendó. El era el subgerente de la misma. Ahí me quedé laborando y le comenté sobre la propuesta y sobre lo que yo pensaba era el motivo de la misma. El se mostró incrédulo ante mis aseveraciones y más bien me refutó.

Cuando terminó la hora del almuerzo apareció mi jefe en mi nueva división, con cara de amargura me llamó y me dijo que lo acompañara a su oficina. Al entrar cerró la puerta, se sentó, cogió aire y me dijo: “Lo siento pero tengo que sacarte de la compañía”.

No me dio una explicación, se excusó diciendo que no tenía tiempo pues tenía que viajar de inmediato a Nicaragua, sólo me dijo que las razones de mi salida no eran profesionales sino personales y que me las explicaría otro día más calmados y tomando una taza de café. Yo lo entendí y no puse objeción alguna pues sabía que él no tenía la culpa. Sus palabras fueron muy claras: “TENGO que sacarte...” La única persona que podía hacer que el vicepresidente TENGA que hacer algo era el presidente.

Me botaron como a perro y nadie entendía lo que pasó, excepto yo. Le conté a mi amigo lo ocurrido y estaba atónito, pero no creía que la razón era esta niña, hasta que le conté el episodio del aventón en su vehículo y ahí todo tuvo sentido. Me dijo que definitivamente alguien muy envidioso debió irle con el chisme al veterano y por eso las actitudes raras de éste y los hechos ya narrados.

Dos semanas después aparecí nuevamente en la oficina por mi liquidación, pero más que nada por la explicación que mi ex-jefe me debía. Al reunirme con él me dijo que la razón de mi salida era muy sencilla... la compañía debía recortar personal porque estaba perdiendo mucha plata, y “el duro” le había encargado resolver ese asunto hace ya algunas semanas y él simplemente se olvidó. Cuando “el duro” le preguntó si ya había resuelto el problema, mi jefe le dijo que no y “el duro” le pidió una acción inmediata... le ordenó que me saque a mí.

A eso se refería cuando me dijo que las razones fueron personales (sí, como no). Recorte de personal??? My ass... Después de que me contrataron a mí se hizo lo mismo con 3 personas más, incluso una chica que apenas llevaba 2 días en la empresa y en la misma posición donde yo estuve, en importaciones.

Tiempo después me enteré que al único cojudazo que recortaron fue a mí, y con eso se resolvieron todos los inconvenientes de orden financiero de la empresa, tanto así que siguieron contratando gente... al parecer el sacar de los gastos mi jugoso sueldo de 200 dólar hizo que la empresa solucionara todos sus problemas monetarios y entrara en un periodo de bondad económica.

Disculpen la extensión de la historia pero no podía omitir detalles... Aún queda por narrar lo ocurrido con la chica después de mi despido intempestivo, pero eso es otra historia... una más corta.

Continuará...

domingo, agosto 01, 2004

De como perdí mi flor

Tenía pensado publicar otra historia, pero me siento impulsado a redactar la siguiente debido a los actuales sucesos de mi vida .

Desde hace algún tiempo yo he tenido severos problemas de orden gástrico. Yo era de los que pasaba una hora metido en el baño tratando de evacuar, a veces más. Pero la verdad es que desde muy joven yo me “tomaba mi tiempo” cuando me encontraba en estas lides...

Supongo que la gran mayoría alguna vez ha puesto en práctica el hecho de que cuando uno va a pegarse su respectivo cague, se acostumbra llevar un material de lectura para no aburrirse... Pues bueno, yo era de los que se llevaba la tele al baño, con VHS y Super Nintendo incluido.

Recuerdo que cuando vivía en mi casa del sur, el adecuamiento de mi cuarto era tal, que simplificaba mi tarea de ir al baño y no perderme alguna película interesante, un partido de fútbol, y muchas veces continuar con un juego tan bueno en el que uno no se podía dar el lujo de perder valiosísimos minutos de juego tan sólo por algo tan ordinario como ir al baño. A veces estas tandas de juego duraban hasta 3 horas y al salir mi trasero ya había adoptado una nueva forma... no tengo ni que decirles cual.

Eso es para que tengan una idea más o menos de la relación que llevamos el excusado y yo desde hace mucho tiempo.

Hace un par de años mis trastornos estomacales se agudizaron. Tenía una gastritis insoportable, mi estómago ardía mucho todas las mañanas, peor aún si casi no desayunaba nunca. Luego se complicaron aún más las cosas cuando para colmo de males apareció en mi maltrecha anatomía una colitis, lo que dificultaba aún más mi periodo de evacuación.

Fui donde un médico para realizarme los chequeos respectivos y después de hacerme unos exámenes no encontraron nada. Cuando los médicos no encuentran una respuesta para el mal del cual aquejas por lo general salen con la siguiente respuesta: “su problema es psicológico, debe andar muy estresado”. Pero yo no andaba nada estresado, no tenía por qué; mi familia era muy estable, problemas económicos serios no habían, en la u me iba muy bien, en ese tiempo no andaba perro por nadie, tenía amigos con los cuales salía bastante, en fin, stress dónde???

Entonces el doc sugirió hacerme un enema de bario para estar seguros de que no había nada en mi organismo que estuviera ocasionando mis males. Yo no tenía ni idea de lo que me estaba hablando en ese momento, luego él me instruyó. Me dijo que el examen consistía en introducirme un químico (el bario) para que al hacerme una radiografía, este químico mostrara mis órganos.

Según esta descripción del proceso yo decía papel, es relajado. Así que fui a la clínica a pedir cita para hacerme el examen y me dieron para 2 días después. Para hacerme este enema de bario tenía que prepararme durante 2 días de la siguiente manera: El 1er día debía someterme a una dieta blanda de pollito y sopita, mientras el 2do día harto líquido y tenía que tomarme 2 frascos disueltos en agua de COLAX (un nombre que nunca olvidaré). Ese 2do día ha sido uno de los más espantosos de toda mi vida. De las 18 horas que permanecí despierto ese día me pasé sentado en mi trono unas 12 sin exagerar, soportando los más dolorosos retortijones jamás imaginados.

Al llegar al día del examen iba con la mentalidad de que después de lo de ayer lo de hoy iba a ser papelito... Una vez más QUE EQUIVOCADO ESTABA...

Recuerdo que mi papá me acompañó ese día, era muy temprano en la mañana y yo en ayunas. Entré en la sala y a mi papá le ordenaron esperar afuera (tal vez porque sabían lo que se me venía y querían evitarle a mi papá las crudas imágenes de mi tortura venidera).

Hasta ese momento yo muy inocente creía que el bario me lo introducirían por la boca. Pero una vez adentro, un médico me ordenó bajarme los pantalones y ponerme boca abajo sobre una mesa de metal dejando al descubierto mi trasero y acabando con mi inocencia.

Apareció entonces una enfermera (que ni siquiera lo lograba) con una manguerita de color blanco y con una frase nada tranquilizadora: “Relájate”. No me dio tiempo ni para coger aire cuando ya tenía la manguera introducida en mi trasero. Se mantuvo ahí durante unos 35 segundos.

Luego continuó introduciéndola mientras la mesa donde estaba se ponía vertical y luego horizontal nuevamente, todo el tiempo conmigo en ella y la manguera dentro de mí, y a la vez la enfermera me pedía que me moviera para un lado, luego para el otro... yo sólo me mordía la lengua para no gritarle: “Eso trato chuchaetumadre pero comprenderás que es un poco difícil teniendo una manguera metida en el culo no?!?!?!”

Una vez que la manguera había sido introducida en toda su extensión, y después de haberme mareado con todas las vueltas de la mesa puta esa, me sellaron la manguera a mi trasero con un tape y comenzaron a bombear el bario a mi organismo. Fue una sensación espantosa... fue como si me dieran ganas de pegarme un gueca pero no tenía que cagar puesto que el colax ya había hecho lo suyo el día anterior.

Tuve que mantenerme con el bario dentro durante unos 30 segundos a un minuto mientras me tomaban la radiografía. Ya tomada la misma iniciaron el proceso de succión del bario extrayéndolo de mi organismo, luego cortaron el tape y comenzaron a retirar, del mismo modo que la introdujeron, la manguera.

Una vez fuera sentí una gran sensación de alivio... había aguantado como todo un varoncito, pero esa enfermera perra no me dio ni siquiera un segundo de descanso cuando vino con alcohol a sacar lo que quedaba de tape en mi trasero. Para los que no saben, mi trasero es muy velludo y arrancar cinta adhesiva del mismo es un proceso muy doloroso.

Bueno luego de todo este suplicio que debió durar un aproximado de 30 minutos, al salir mi papá me preguntó: “cómo te fue viejo?” Yo sólo le contesté: “Mejor no preguntes” y salí de la clínica con la cabeza gacha y sintiéndome sucio... ese día había perdido ese brillito característico en mis ojos... perdí mi flor.

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