martes, noviembre 09, 2004

De como me quedé botado en el estadio... por huevazo

Retomando la buena costumbre perdida de escribir mis anécdotas (pido disculpas por eso a todos), me inclino por contar esta historia que ocurrió hace algunos años, tal vez unos 8...

Era un domingo como muchos. Salí con mi familia a comer, de regreso a casa a pegarse la siesta respectiva post-jama, ver el deporte rey por la señal nacional de Gamavisión, el canal de las estrellas, y por la tarde partir al Monumental del Salado a apoyar al ídolo del Astillero en algún encuentro del Campeonato Nacional.

Siempre, para ir al estadio, mi papá y yo nos íbamos una hora antes del partido a casa de mis primos, los Peña (primos apañados por si acaso), quienes son los administradores de las entradas hasta el día de hoy. Nos reuníamos un aproximado de 10 o 12 personas entre primos y tíos, y faltando media hora para el partido nos embarcábamos en un camioneta Chevrolet Silverado cabina y media que era ideal para el propósito... pero aquél día no fue así.

A mi papá lo invitaron otros tíos que tenían una suite en el lado nuevo del estadio (la suite a la que normalmente íbamos era en el lado viejo), así que fuimos con ellos esta vez.

Ese día mi vestimenta era farandulísima, no recuerdo por qué, pero en esa época daba asco, era bien guapetón. Recuerdo que fui con una camisa Guess de rayas verdes y blancas, una gorra de Pearl Jam recién compradita, jean negro, cinturón negro Perry Ellis y zapatos Adidas blancos con vivos azules... nuevitos los desgraciados... más el Bulova de oro (que ya muchos de uds. conocen debido a cierta anécdota ocurrida en cierto yacht club, pero esa es otra historia) y una cadena de oro de mi primera comunión.

Ya en el estadio yo estaba muy aburrido en esa suite pues no había gente de mi edad con quien comentar las jugadas, así que decidí pegarme el viaje hacia el otro lado donde estaban mis primos. Antes de irme le pregunté a mi papá a que hora debía estar ahí para regresarnos y me dijo regrese 5 minutos. Dicho esto me fui.

Ya en la otra suite las cosas cambiaron para mí. La pasé mucho mejor, me divertí y hasta el equipo ganó.

Faltando 5 minutos emprendí mi regreso a la suite donde estaba mi papá. Al llegar allá grande fue mi sorpresa cuando encontré que la puerta de la suite estaba con seguro... se habían ido sin mí. No podía creer que me habían dejado botado esos viejos hp´s... yo era un niño!!!

Inmediatamente corrí de vuelta a la suite de mis primos para regresarme con ellos y no quedarme botado como la v.... en el estadio. Pues bueno, ya han leído varias historias aquí... ¿Qué creen que ocurrió?... Sip... Ya no estaban tampoco.

Mi última esperanza fue correr con mi vida hasta la salida para ver si aún los alcanzaba ya que la mayoría de veces el tráfico hace que ésta sea lenta. Soñador, soñador... no lo logré. El pánico comenzó a cundir en mí. Eran las 7pm, estaba oscuro, mi vestimenta era muy atrayente para los amigos de lo ajeno y para colmo de males me encontraba rodeado de malandrines por doquier.

En ese momento guardé mi cadena y mi reloj en el bolsillo del jean, me saqué la camisa (llevaba camiseta por dentro), dije: “Dios mío apiádate de mí” e inmediatamente puse pies en polvorosa. Corrí desde la salida de las suites oeste hasta la PJ. Ese fue un tramo bastante largo y muy tenebroso. En todo ese camino sólo me decía mientras corría por mi vida: “No pares, un poco más, no pares, por favor no pares!!”

Llegué y fue como un relato divino: “Y al final del túnel obscuro vi la luz y mientras más me acercaba un sentimiento de paz y seguridad me llenaba”... Algo así fue para mí. Pero ahí no terminaba mi travesía. Aún tenía que llegar a los Ceibos, a la casa de mis primos que queda a la altura del colegio Javier, es decir que aún me faltaban algunos kilómetros.

Muy agotado ya después de esa larga corrida, el siguiente tramo lo recorrí caminando, ya más sereno pues ya no tenía tanta gente a mi alrededor. Sin embargo cuando llegué a la curva para dirigirme a los Ceibos en vez de hacia la vía a la costa, pasó un bus a alta velocidad y el cobrador se paró en la puerta y estiró la mano para tratar de hurtar mi gorra... perdón, robarla sería el término apropiado, pues fue con mucha violencia ya que al intentarlo a la velocidad que iba yo sólo sentí como si me hubiesen dado con un bate en la cabeza. No se cómo no me caí con semejante golpe. Al menos no consiguió su objetivo ese pelapután (es una lástima que Emidio nunca leerá esto : ( ...).

Al final, después de una hora de estar corriendo, trotando y caminando llegué a la casa de mis primos donde muy entretenidos se encontraban mis tíos jugando dados para variar.

Mi papá no estaba, se había ido a buscar al huevazo de su hijo que se quedó botado en el estadio. Cuando llegó, obviamenteeeee (como dice un legendario amigo mío) le increpé por qué me dejó botado si yo le dije que regresaría a la suite donde se encontraba. El me respondió que no fue su culpa, que las personas que lo invitaron quisieron irse más temprano.

El pensó que yo me regresaría con mis primos, pero eso no fue así, y al darse cuenta de esto fue en el carro a buscarme al estadio. Lastimosamente en esa época los celulares eran un lujo y casi nadie tenía, de haber sido ahora, fijo le mandaba un mensajito para decirle que no me deje botado porque llamarlo hubiera salido muy caro jeje.

Finalmente compensó su acto de padre desnaturalizado llevándome a comer al Joun Yep (un restaurante de comida china en los Ceibos que es buenísimo, y caro también), fuimos los 2 solos y la pasamos muy bien, tanto así que iniciamos una especia de tradición post-estadio... un momento padre e hijo que casi nunca teníamos, y lo mejor es que después llegábamos a caleta a sacarles pica a las doñas... aunque tan malos no éramos... les llevábamos un par de wan tanes para su deleite.

Después de todo la experiencia no fue tan mala ya que hice ejercicio, no perdí nada, gané un fuerte dolor de cabeza y para variar aprendí otra lección como es costumbre en cada desgracia... nunca más me volví a cambiar de suite... suite a la que voy, suite de la que no me muevo hasta el final.

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